jueves 17 de septiembre de 2009

Entre Rioboberos, Sol y Chimú - San José de Bolívar, Septiembre de 2009







Una tranquila tarde dominguera... debía ir a entregar unos trabajos a los nuevos bachilleres egresados de un liceo en Queniquea, así que aproveché de invitar a mi familia. Entre ella estaba mi prima Mayela, quien esta de vacaciones en la ciudad y no conocía los pueblitos al otro lado de la Y del Páramo del Zumbador.
Una vez terminé la diligencia, nos fuimos a San José de Bolívar donde el brillante y limpio sol de los páramos nos brindó las imágenes que les traigo en esta entrada. Mientras tomaba las fotos, Mayela y mi madre hablaban con un borrachito que se encontraron en la plaza, quien les contó lo que le había sucedido la noche anterior: "anoche estuve preso por estar haciendo escándalo en la calle, me metieron en la misma celda con uno que había matado a 8... mal hecho ¿verdad?". No lo pusieron en duda. Muy mal hecho jejeje.

sábado 11 de abril de 2009

Te Quiero como a mis Converse Viejas - Táriba, Abril 2009


Hoy es sábado santo y el día comenzó con un sol lleno de energía, picante y cargado de brisas como las que se sienten en la costa. Sí, estaba perfecto para la foto que tenía en mente. Pasaba la mañana disfrutando del ocio del feriado cuando ví en el messenger a mi buen amigo René, quien es una de esas personas que tienen un talento innato para la fotografía aguardando a ser explotado en plenitud. Lo invité a que me ayudara y presto como siempre, estaba conmigo una hora después en la Plaza Miranda de Táriba, de barriga en el piso tomándole fotos a mis botas y yo simulando estar apoyado sobre unos zapatos gigantes, mientras a nuestro lado crecía un castillo inflable para recibir a los niños de los turistas y las señoras de los puestos de pasteles tras nosotros ponían a calentar el aceite en sus calderos.

El objetivo: hacer un tributo local del “Monumento a Los Zapatos Viejos” rincón turístico de Cartagena de Indias, Colombia que inmortaliza el famoso soneto “A mi Ciudad Nativa” del poeta Luis Carlos López. Para mí, en esas líneas está una de las comparaciones más ingeniosas que se pueden usar para describir el cariño que uno puede sentir por el lugar que lo vio nacer y crecer. Les invito a leerlas a continuación:

A MI CIUDAD NATIVA

Noble rincón de mis abuelos: nada
como evocar, cruzando callejuelas,
los tiempos de la cruz y de la espada,
del ahumado candil y las pajuelas...

Pues ya pasó, ciudad amurallada,
tu edad de folletín... Las carabelas
se fueron para siempre de tu rada...
¡Ya no viene el aceite en botijuelas!

Fuiste heroica en los tiempos coloniales,
cuando tus hijos, águilas caudales,
no eran una caterva de vencejos.

Mas hoy, plena de rancio desaliño,
bien puedes inspirar ese cariño
que uno le tiene a sus zapatos viejos...

Luis Carlos López.

Terminamos la sesión fotográfica y ya el castillo se yergue hacia el cielo, la gente come pasteles recién hechos, humeantes y tostados y los niños corren en la plaza al compás de las campanas de la basílica. Táriba es otra de esas poblaciones que tan sólo quienes la conocen desde niño pueden contemplar en ella la especial magia de sus rincones tranquilos. Es por eso que le quedo debiendo un post adonde muestre un poco más de esos lugares, plazas y calles que al igual que la ciudad amurallada al poeta, ya me inspiran también el mismo cariño que siento por mis converse viejas...

viernes 27 de marzo de 2009

Querida San Cristóbal - San Cristóbal, noviembre 2008










A veces salgo a la calle una mañana de brillante sol y siento en mi cara el aire helado que la noche dejó como último aliento al amanecer, combinación cálida/fría que huele a energía y a buenas vibras. A veces voy a mi casa y un tráfico sofocante me obliga a refugiarme en el equipo de Blackie (mi querido Twingo negro, para quienes no lo conocen) para sincronizar la gente que cruza los pasos peatonales al ritmo de mantras budistas mezclados con techno por unos Dj's españoles. Todo cuadra armoniosamente. Todo combina en San Cristóbal.

San Cristóbal me regala unos deliciosos shawarmas y la amigable atención de Ayubi, el pana libanés en Pirineos II, a quien su upgrade lingüistico al castellano aún le hace decir "¡bienvenido!" a la llegada y a la despedida de sus clientes. Me regala unas tranquilas cervecitas en la hacienda, donde el aire de la noche mantiene frescas las bebidas y las amistades. San Cristóbal guarda un lugar musicalmente sobrenatural (algunos le llaman "donde Naudy") el cual después de conocerlo me hizo mirar desde la avenida marginal hacia los barrios de la parte baja de la ciudad y verlos resplandecer como la casa del aviador del principito, al saber que adentro guardan algo que los hace mágicos. La ciudad me regala un sol que me escolta desde atrás y proyecta mi sombra al futuro cuando al atardecer voy hacia mi hogar taribero.

Hay que andar con los ojos muy abiertos en mi queridad ciudad, pues no se sabe en que lugar nos podemos encontrar con la belleza oculta tras el desgaste de la rutina. En esta oportunidad publico un trabajo que realicé a finales del año pasado jugando con las formas que quienes hacemos vida en esta pequeña capital quizá hemos visto una y otra vez en calles y avenidas, pero sin detenernos a ver las estéticas ocultas tras ellas al reordenarlas desde una perspectiva distinta. Así como cuando subo la caminería de La Rotaria puedo ver la ciudad completa y volver a armar en mi retina sus historias, sus luces y sus vidas, para encontrarme de nuevo al bajar con una San Cristóbal de parques, recogelatas, árboles, luces, prostitutas, tragafuegos, estadios, neblina, gente que compra, niños, películas, malandros y helados; pero sí... bonita a su estilo.

A arriba hacia abajo:

1 y 2: Estadio metropolitano de baseball
3: Puente libertador
4: Viaducto viejo
5 y 6: Centro Cívico
7: 5ta. avenida
8: CC del Este
9: Obelisco de la colonia italiana

martes 17 de febrero de 2009

Sol, playa y fotos - Punto Fijo, enero 2009






A finales del mes pasado nos fuimos el pana René y yo para Maracaibo, a inscribirnos en la facultad de Artes Audiovisuales de la Universidad Cecilio Acosta (después de seis años, ¡de vuelta a las aulas!). Como las diligencias no nos llevaron más de medio día, ni cortos ni perezosos decidimos echarnos otro viaje hasta Punto Fijo. Desde ahí llegamos a un pueblito costero conocido como Villa Marina en el cual había nada más y nada menos que un pequeño astillero abandonado enmarcado por unos paisajes costeros espectaculares. 

Pues bueno, tomé en realidad pocas imágenes, pero todas me gustaron mucho. Aparte de eso, como buen visitante gocho que va a la zona libre de impuestos de Paraguaná, junto a las fotos también me traje cinco botellas de whisky y una memoria para mi cámara jejeje. Espero que en mis próximos viajes a la costa -y en las prácticas de las materias Fotografía I y II de mi flamante nueva carrera por comenzar- pueda traer más fotografías de esta zona tan espectacular de Venezuela… y un juego de sábanas que ya me encargó una amiga (si, si… todo allá es más barato, pero no abusen).

lunes 19 de enero de 2009

Ni tu me quieres, ni yo a tí - Táriba, enero 2009


Ya finalizado el día de ayer la electricidad se fue y vino como 10 veces en dos horas. Aunque la noche estaba relativamente fresca y no necesitaba del aire acondicionado, se me hizo muy dificil conciliar el sueño ya que necesito algún ruído blanco de fondo en mi habitación para hacerlo. Sí, manías de las cuales todos tenemos al menos una. No fue sino casi a las 2 a.m. que al fín el servicio se restableció de manera uniforme y pude dormir, hasta que amaneciendo el día de hoy se volvió a interrumpir pero esta vez por un lapso de casi tres horas durante toda la mañana.

El inicio de la semana se detuvo. No había electricidad, no había vida. Tenía varios cd's de unos trabajos por imprimir, pero dado la falta de energía no me quedó mas remedio que sentarme a leer el periódico mientras duraba el apagón. Una ilustración de Barney en un anuncio me recordó su irritante voz ronqueta-gay con la que interpreta esas cancioncitas pajúas que les llena la cabeza de algodón a los niños, para hacerles devorar toda cuanta mercadería existe de él. De hecho me disculpan quienes sientan algún tipo de aprecio por este "dinosaurio" pero estoy seguro que al igual que yo, hay muchísimas personas que quisieran ponerle un bozal de cinta tirro plomo para no tener que escuchar nada más sobre animales prehistóricos de colores dudosos que viven en la mente de nadie. Ya con la inminencia de una fotografía en proceso, me acordé de un peluche que estaba por ahí de la infancia de mi sobrina y de la forma bastante particular (y la verdad un poco bizarra) como exhiben los muñecos en la casa de unos amigos.

Con esas dos ideas de partida y otras más que se me ocurrieron a medida que el trasnocho le agregaba maquiavelidad al retrato que se me estaba formando en la retina, tomé la justicia fotográfica por mis manos y les traje una imagen que muchos hermanos, tíos y hasta padres de niños alienados quisieramos ver cuando escuchamos una y otra vez los televisores a todo volumen con canciones como "te quiero yo y tu a mi, somos una familia feliz! con un fuerte abrazo y beso te diré: mi cariño es para tí!"
(y pensar que en esos momentos, Murphy se encarga de que la 
electricidad no se vaya).

Seamos sinceros Barney, ni tu me quieres ni yo a tí.

P.D.: Teletubbies, pónganse pilas...

jueves 15 de enero de 2009

Año Nuevo - Santa Ana, enero 2009





El primero de enero lo pasé junto a los panas Elbert y Alexander en la casa de nuestro amigo Carlos Andrés. Disfrutamos toda la tarde de la generosa hospitalidad de su familia: comimos un hervido buenísimo y carne asada hasta reventar y al finalizar el día nos fuimos a recorrer un camino campestre cercano a su casa, recordando la época de compadres universitarios. Cuando comenzó a caer la noche me encontré con la primera y segunda foto que comparto en esta entrada, por cierto, con las que estrene mi nueva cámara Canon (por fín tengo una reflex digital... yeeeahhh!) 

De regreso a San Cristóbal pasamos a tomarnos unas cervezas frente a la Plaza Bolívar de Santa Ana en un local casi en ruinas, solitario y oloroso a moho de caserón antiguo. Ahí me encontré a la pequeña niña que sale en la tercera imagen, debía tener unos tres o cuatro años y era extrovertida al máximo. Con permiso de su mamá -la mujer que atendía el negocio- le pedí que posara para mí bajo la luz amarillenta de la calle, que hacía resaltar su cabello brillantemente claro. Como premio por su colaboración la dejé tomar algunas fotos (la cuarta soy yo retratado por su tembloroso pulso de fotógrafo precoz). Después de un par de rondas seguimos nuestro camino y mientras nos alejábamos en mi carro, por el retrovisor pude ver a la niña despidiéndose escondida tras el poste de la foto, agitando su pequeña mano. Un día de estos debo regresar a seguir cultivándole el gusto por la fotografía ; )

The Hippie Monk - Táriba, septiembre de 2008


Una tarde tranquila estaba trabajando en mi reducida oficina cuando se asomó por la puerta este personaje, pidiendo una limosna con su dedo índice señalando a la palma de su otra mano. Levanté la mirada instintivamente al ver la sombra en la entrada y ni hace falta decir que quedé sorprendido por su apariencia, así que sin dudarlo un minuto le pedí que me esperara y fuí a buscar mi cámara. Sabiendose poseedor de una completamente pintoresca imagen posó frente a mi casa pacientemente y todo el tiempo en silencio mientras le tomaba varias fotos. Sin estar seguro si era sordomudo o no, le pregunté mitad señas mitad hablando del por qué de ese hábito que llevaba. Pero no me respondió nada, tan sólo me hizo una cruz y siguió su camino por las calles de Táriba. Yo entré a mi casa, busqué mi infaltable café negro vespertino y seguí trabajando en las fotos de una boda.